
Para Tabasco nov 2007-11-04
Yo creo en la esperanza de los peces que encontrarán su río, su cause, su caudal, su carretera de agua rumbo al mar profundo de los peces salados y marinos.
Creo en la esperanza de las aves que vuelan perdidas en el cielo, mirando los tejados llenos de niños y sombreros.
Yo creo en la esperanza de los humos que deambulan en el cielo cálido y vacío, arañando nubes para hacerles cosquillas en el ombligo, pero ellas no se ríen pues se quieren aguantar la lluvia.
Yo creo en la esperanza de los peces dulces, de los peces garzas, de los peces aves de un pantano restringido, acotado por la memoria del hombre.
Yo creo en la esperanza del alivio, del suspiro, del sendero pedregoso hecho de chocolate-arcilla.
Yo creo que Tabasco es un edén regado por un jardinero distraído que pensando en el futuro de sus flores ha dejado la tierra en el olvido.
Por eso creo que la esperanza de los peces por alcanzar la tierra firme es pasajera como la esperanza del hombre por alcanzar el cielo. La tierra es imposible para un pez el cielo es un momento para el hombre.
en Tabasco hoy el agua es de tinieblas, está fuera de lugar; está evadida hacia la tierra, esta encima del polvo cual chinampa.
Pienso que el agua en Tabasco es una isla, es una chinampa de agua en un mar de tierra.
Espero que esta noche canten los grillos deslumbrados por la luz eléctrica, que el fuego distante en cada casa sea un faro para el hombre en el camino y sino que haya mil luciérnagas en cada casa, que se arrulle el bebé con el canto de su madre. Que el que regrese como hermano pródigo cuente lo que soñó cuando estaba perdido.
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